...für Anstand


La actriz y el general, en el delicioso Hotel "Le Maurice"
El general Patton llegó puntual a la cita. Después, ella entró deslizándose rauda, casi flotando, seguida de un camarero pulcro que empujaba un carro charolado con el servicio. Un copioso buffet froi el cual depositó sobre una mesa larga de té y quedó en espera en un extremo de la habitación. Patton se le acercó a ella y le besó suave en la mano, tan fina, que le pareció diluirse entre sus dedos de soldado curtido. Ella aceptó la butaca y en cuanto se sentó, él la miró al soslayo; discretamente, no como si fuera un trofeo de guerra o carnal. Tampoco con la expresión severa, de cuando inspeccionaba a oficiales bisoños. Sino, como a la mujer excepcional y valiente, de cuyo quehacer patriótico durante la II Guerra Mundial, estaban enterados todos. Después, Patton cambió una mirada oblicua con su ayudante; un teniente coronel (aka, "Furious") con cara de Wire Fox Terrier, atento a la voz de su líder, al que admiraba como otros tantos muchos. El General quedó estático por unos instantes. Porque Ella estaba ahí fascinante, etérea, perfumada y con lo mejor en joyería, atuendos y fragancias de Cartier. Lo espectacular de su vestimenta, las sandalias de tacón alto y fino color crema, de tirantes tipo "araña" y talón semi libre. Ella impávida, electrizando el ambiente de aquella tarde parisina cargada de aromas de rodoendros, en espera de conversar con el recontra trajinado general de los Aliados vencedores. Él le solicitó la entrevista con un pretexto baladí, para saludarla, después que a ella le entregaron una medalla, de las tantas, en la Alcaldía de París. Ahora estaban en el saloncillo aterciopelado del tercer piso del viejo pero aún delicioso Hotel "Le Maurice", en la Rue Rívoli. Patton hizo un gesto leve con sus fusta y el camarero dispuso el servicio y se retiró. Al rato volvió trayendo café negro, bebidas y tras el ritual, desapareció, silencioso. Porque él, Patton, era uno de los héroes genuinos de la guerra recién concluida. Quizás el más fino y educado de entre los militares norteamericanos, tanto como lo era Montgomery de entre los británicos; este último galardonado por los reyes ingleses con el título de "Vizconde de al Alamein", por su tenaz lucha contra del totalitarismo nazi-fascista que echó casi codo a codo con Patton. Es que el desastre comunista intentado por los bolcheviques, ya se desbordaba mostrando sus garras, en los territorios capturados y convertidos uno a uno, en las crueles satrapías de la Europa Oriental, después desaparecidas. Ahora, todos bebían el café acompañados con un delicioso licor ámbargris suave, el cuperné Calvados; genuino de los manzanares de Basse-Normandie que miran al Atlántico y también se deleitaban con los bocadillos y golosinas, escogidos todos por el propio Patton. En un momento crucial, estudiado como hembra, en medio de lo más animado de la conversación; la actriz se inclinó atrevidamente a tomar uno de los dulces y en el escote pronunciado de su busto en "V"; sus palomas vibraron aunque aprisionadas levemente por los bordes del vestido casual de chiffon (como siempre sin sostenes). Con el gesto atrevido, pareció enviar un mensaje impregnado de femonas turbulentas; desconsiderado en extremo; a aquellos hombres asolados por el aburrimiento de las trincheras, ahora hambrientos de novedades.

"Puff...", exhaló incontenible el teniente coronel y se compuso la guerrera, temeroso de su desliz frente a Patton. Ella sonrió con la expresión de su más inocente malicia.

El General reinició el diálogo concentrándose en la pregunta, pretexto de la cita:

—Sra. Dietrich —ensayó decir en el mejor de sus tonos siempre enérgicos. Pero quedó embelesado, hipnotizado con el perfil extra nórdico, caucásico, que la actriz como una walküre hierática, les ofreció por unos segundos con un gesto que hizo para arreglarse la cabellera. Ella, provocativa, los envolvió con una nube de humo del Galois que fumaba en una tagarnina plateada—. Le ruego que tenga la gentileza de explicarle a nuestra curiosidad norteamericana, por amor de Dios, lo que tantos deseamos saber, porque no está en ningún libro. Le aseguro una discreción absoluta y que todo quedara entre nos y los periódicos matutinos, cuyo personal anda revoloteando por las afueras.

—Muy amable de parte suya, la buena discreción que Usted me ofrece y garantiza, General —repostó ella, sonriente, con un leve tono de sorna.

La actriz ya conocía a Patton de cuando divirtió a los batallones Aliados en el Norte de África, a las mismas puertas del antiquísimo Tobruk libio asediado entonces por los ejércitos nazi-fascistas, repletos de italianos.

Ahora ella se tomó su tiempo y cambió de táctica para poner a Patton inquieto. Y comenzó a pasarle revista a éste las botas lustrosas y el revolver Colt .45 inusualmente niquelado; por tratarse de un arma de guerra; de cachas de hueso anacarado el cual le colgaba de una cartuchera que pendia de su cintura, al estilo de los buenos tiempos de cuando los good boys del Wild West. El General se dio cuenta de su olvido en despojarse de sus arreos militares, se deshizo de estos y los depositó en una butaca, adelantándose a Furious, quien intentó saltar de su asiento con intención de asistirlo. Patton hizo un gesto para que permaneciera en su sitio. Pero la experiencia del oficial le hizo permanecer de pie.

Desde el salón del lobby del hotel, se escuchaban los acordes de "Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt" (Eramorándome otra vez). Una música todavía peligrosamente extraña en París, por la recién concluida II Guerra Mundial. Y porque para los franceses de "La Résistance" andaban frescas las heridas de sus maquis urbanos y de los rurales como los heróicos "Maquis des Glières" y los extendidos como los partisans sobre todo el territorio europeo. Pero, ellos estaban ahora en un París, casi "ciudad abierta" (como fue declarada Roma) por ambos bandos) siempre acogedor, que enterró sus rencores, convenientemenete.

—Soy toda oídos, General. Yo le aseguro a Usted, Señor, que todo es perfectamente publicable y ningún niño tendrá que taparse los oídos o cerrar los ojos —le advirtió ella, en el mismo tono suave de su barrio natal berlinés, Schöneberg.

—Señora Dietrich, insistimos en saber qué la impulsó a Usted, una mujer relativamente frágil, a elevar el ánimo de las tropas. Usted no es una deportista, guerrera o amazona. Y todos los yankees nos preguntamos cómo, además siendo usted alemana; expuso su vida en más de trescientas actuaciones en el corazón del frente, para elevar la moral de nuestras tropas durante la guerra. Y nada menos que a unos cientos de metros de los sitios de combate. Usted les cantó su inolvidable "Lily Marlene" a las tropas, en favor de los enemigos de su patria natal. ¿Por qué?.

La actriz dio la impresión de estar tomando energía para armar una contesta inolvidable, que así fue. Pero lo que hizo fue deslizarse suave por el salón como una tigresa en acecho. Ya en el balcón y por unos segundos, aspiro profundamente el aire vespertino y observó el pulular de las banalidades humanas del mundo exterior y después, las sugestividades del mundo interior, representas allí por aquel par de soldados, caballerosamente esperandola de pie y que la miraban sin perderle un gesto. Aunque fueran frases echadas sobre un general de amabilidad y delicadesa soberbias, pero en realidad ambos unos hombres encallecidos por los avatares de la guerra. Y retornó al saloncillo.

Du kennst, die Sache ist sehr einfach, General, ...für Anstand (Sepa Usted, que la cosa es muy simple, General... por decencia) —susurró la Dietrich, ahogada por la emosión, pero en su alemán más exquisito. Ella había puesto un enfasis especial en la última palabra, "decencia", devastadora.

Desde ese instante, Patton hizo mutis como si fuera una muestra criónica, extraida tras estar inmersa en nitrógeno líquido. Ella lo advirtió, tomó una galletica, le untó mantequilla y la colmó con una porción pequeña de caviar negro del Báltico. Furious abandonó su pose encartonada y tiró dos veces del cordón para solicitar el servicio urgente a la habitación. En unos minutos, el camarero trajo otra botella de Calvados y el whisky preferido por el General. El asistente abrió ambas botellas y escanció las bebidas para reponer el nivel en ambas copas. Después de ingerir la galleta, permaneció en quietud durante un buen rato; un largo y posesivo rato, como aquellos que no disfrutaba desde la pre guerra. Largo, como la inquietud del General. Y se regodeó reflexionando en sus maldades futuras:

"Ahora, mi General, me toca a mí la interrogadera".

Masculló con la delectación extrema que experimentaría un ratón al jugar con el gato. Es que se sentía como antaño, en tiempos del “Der Blaue Engel” (El Ángel Azul), de cuando el debut como actriz. Y en ese instante la Dietrich experimentó, quizás con emosión un tanto candorosa, ser dueña absoluta de la situación.

Sin embargo, no por diablo sino por viejo, el instinto depredador de soldado experimentado en batir enemigos; le indicó a Patton la inminencia de una contraofensiva inevitable, por parte de aquella teutona arrebatadora.

Cenizas y Diamantes

Cenizas y Diamantes
Zbigniew Cybulski

Alas, de poetas muertos

Popiół i diament
(Cenizas y Diamantes)
Piękny polski film
Un film de Andrzej Wajda

"Al arder,
no sabes si serás libre
¿Sólo quedarán cenizas y confusiones?
o sí hallarás en las profundidades de las cenizas
un diamante estrellado
"
Cyprian Kamil Norwid
Poeta polaco

George Orwell, un mago de la Ciencia-Ficción distópica

En “Animal Farm: A Fairy Story”, dijo: “Todos los animales son iguales, pero (en Cuba) algunos, son más iguales que otros”.

Acerca de “1984" expresó: "Creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus consecuencias lógicas".

Y sobre la "Verdad", declaró: "En tiempos de simulación universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario".

viernes 27 de enero de 2012

Estados Unidos vs un libro llamado "Ulysses".

Estados Unidos vs un libro llamado "ULYSSES (1)
Se cumplen 53 años de dictadura comunista en Cuba
Sin la venia ajena
"... bajo el cinismo de ULYSSES, se esconde una gran piedad”
                                                                                        Umberto Eco
Un "Ulysses" entre frou-frou de enaguas, pendejadas eróticas y otras lencerías literarias
Exactamente eso fue lo que le ocurrió a James Augustus Aloysius Joyce, el autor de origen irlandés que produjo esta obra cúspide, tan significativa y expresiva de la corriente que dentro de Inglaterra, significó el novísimo movimiento literario modernista anglosajón. La obra fue estructurada durante años, tomando anécdotas y observaciones banales que Joyce experimentó a lo largo de su vida personal y las propias de  otros a su alrededor. Al menos, eso es lo que dejan entrever sus personajes.
El modernismo anglosajón que humedeció a Joyce, se generó en Inglaterra a partir de los flecos residuales del modernismo francés iniciado en París, desde mediados del siglo XIX. Cierto que el autor esbozó su libro desde mucho antes, pero comenzó a solidificarlo a inicios de 1920, estando en París en colaboración con su publicista final
El escritor, había sido invitado a Francia desde mucho, a pasar una semana y terminó quedándose 20 años dando vueltas por Europa. Joyce divagó en calidad de autoexiliado trashumante (no politico) defendiendo la "causa de la nada". Durante su labor creadora, vivió --con su compañera durante 30 años--, atrapado dentro de una vida bohemia, ayudado por amigos y admiradores.
Allí fue que conoció por casualidad a Marcel Proust, en un intercambio no muy afable. "Ulysses" fue impreso en París por la publicista Sylvia Beach, dueña de la librería "Shakespeare and Co." en 1922, año en que Proust murió. Mientras que Inglaterra, a pesar de estar situada a un "tiro de piedra"; la publicación debió esperar mucho más tiempo para ver la luz, lo cual no sucedió hasta 1936.
El modernismo anglosajón simbólico, también denominado así y en victoria absoluta, salvo excepciones, devino contrapartida de los últimos hálitos del romanticismo, al cual superó en cuanto a la economía y barroquismo despampanante en el uso de los recursos para la creación literaria.
El escritor, mucho antes de que eso ocurriera; se tambaleaba con sus obras conflictivas bajo el sobaco, en busca de un editor o mentor, al cual encontró paradójicamente en 1918, en Ezra Weston Loomis Pound, de cuya amistad Joyce renegaría más adelante.
Pound, era un norteamericano inicialmente asentado entre Londres e Italia; muy amigo y eventual secretario de W. B. Yeats. Siendo un talentoso escritor joven, a la sazón fungía en paralelo en su actividad como editor de revistas literarias norteamericanas.
James Joyce
Zurich, 1918
La publicación de su único libro de cuentos, "Dublineses" en 1914, fue posible por la ayuda de Ezra y el propio Yeats. Del mismo modo la publicacion de "A portrait of the artist as a young man" (Retrato de un artista adolescente), en 1916, entendidad auto biográfica; contó con la ayuda de Ezra Pound.
Transcurriendo finalmente el año 1922, tras innumerables tropiezos; incluyendo el rechazo de los tipógrafos a imprimir la obra tan comprometida por la naturaleza íntima y cruda del relato, "Ulysses" vio la luz el 2 de febrero de ese año, coincidiendo con el cuadragésimo cumpleaños de Joyce.
Ezra, por breve, se inclinó a las corrientes débiles del imaginismo y el vorticismo (este último, una especie de cubismo literario) que dio luz y respaldó a autores como Joyce; pero este movimiento sucumbió en pocos años.
Hemmingway, en 1925 escribió notas encomiables sobre la ayuda que recibieron los escritores norteamericanos de la época, de este colega y coterráneo, entonces en alzas.
Ello fue debido a que dichos autores, como a James Joyce, T. S. Eliot (Thomas Stearns Eliot, premio Nobel de Literatura, 1948) y otros escritores asentados en el París atontado aun por los embates de la conflagración mundial recién concluida, además de dispersos en otros sitios europeos, atravesaron en general una situación económica no cómoda durante el transcurso de la etapa de pos I Guerra Mundial (IGM).
No pareció extraño que por su parte, aunque un poco tarde, se había unido a este movimiento modernista (escandaloso para el puritanismo español); la denominada “Generación del 98”; surgida a golpes y porrazos en España a finales del siglo XIX.
Porque los literatos españoles, despertaron azorados bajo el desastre arrollador que significó la derrota militar, moral y de prestigio para la metrópolis española; en la guerra Cubano-hispano-americana de 1898. De ahí, que estos acontecimientos convulsivos para la vergüenza nacional, dejaron una impronta modernista permanente en la literatura ibérica.
Sucedió que esta generación, de inmediato, se sumergió en el estilo que preconizaba la belleza sensorial y la huida del mundo real, utilizando lo barroco, tropos, metáforas, alegorías, símiles y un lenguaje de pureza sin igual. Ansiaban cualquier retórica que les alejara de lo que no deseaban advertir ni aceptar, como parte intrínseca del mundo actual.
Era la sumisión al criterio del desvanecimiento en el mundo real, para reaparecer en el subplano irreal. Claro que la fuerza creativa de Joyce nunca pareció intentar el igualarse a la de un Charles Pierre Baudelaire. Este poeta parisino, se enquistó y permaneció emboscado en un modernismo muy particular, del mayor frenesí sicodélico que le fue posible.
A estos fines, Baudelaire se enfrascó en utilizar por esta vertiente el simbolismo, parnasismo y romanticismo; pero amarrado a su obsesión de épater (baiserla bourgeoisie (escandalizar (joder) a la burguesía), como materia prima de sus discursos poéticos.
Ello es palpable cuando atenidos a los resultados de los choques de Baudelaire con las autoridades francesas a causa de su obra “Les Fleurs du Mal” y otras consideradas obscenas –especialmente con la edición de 1868–; se observa que la censura de ciertos poemas simbólicos de Baudelaire, impuesta desde entonces, no fue sobreseída en Francia hasta 1949. Un verdadero horror, por lo tardío de la corrección.
Joyce no escapó al fenómeno generacional anterior, sin embargo, ya corriendo las dos primeras décadas del siglo XX; se apareció entre otros de simbolismo épico con su “Ulysses” trascendental, escapando así en alguna medida del sello finisecular de la arrolladora corriente española.
Se trataba del ya mencionado “Ulysses”, obra de un novelista y poeta modernista, acelerador o mejor, catalizador del modo de escribir vanguardista de la literatura inglesa; no obstante a quien ya por entonces le molestaba otro literato, el americanito", tal así le mencionaba. Este colega de letras, fue quien inicialmente llegó a ser su impulsor primario, el afamado poeta y crítico literario Ezra Pound (2).
Sin embargo, un coterráneo irlandés suyo, el escritor, crítico y teatrista, Samuel Barclay Beckett (quien también fue su asistente), catalogó la obra de "oeuvre héroique" (obra heroica). Es de señalar que Beckett fue Premio Nobel de Literatura en 1969.
Un Ezra, divorciado de James y enyuntado con el “fascio
Ezra Weston Loomis Pound (1885-1972), por azares del destino, perdería su fe en Inglaterra y el sistema democrático, desviando su rumbo exitoso en el mundo democrático hasta caer; sorpresivamente; en la idolatría desmesurada de dos de los líderes políticos más controversiales de la pos guerra (IGM). Claro, que ello valdría un hito, solo después que hagamos un aparte sanguinario al categorizar a un Vladimir Ilich Ulyanov (aka, “Lenin”) y su cohorte de bolcheviques andrajosos, todos, asesinos por puro placer.
El poeta, Pound, se durmió también en brazos del anti semitismo. Cerrando así, una cadena de errores que le condujeron al abismo.Nada anterior, ni siquiera su incontinencia por la perfección y embellecimiento literario, lograron sustraerlo o iluminarle el camino tortuoso que le condujo al regazo equivocado.
Ezra Pound en 1913.
 Fotografía de Alvin Langdon Coburn
Sucedió  de manera inexplicable que Ezra Pound, una gota de inteligencia  y educación excepcional, haya palideció primero con los “encantos” de Benito Almicare Andrea Mussolini (aka, “Il Duce”) (3) y posteriormente, por simple ósmosis catilinaria, reverenció a Adolph Hitler. Ambos líderes totalitaristas, irrumpían en la Europa desordenada y confusa de la pos IGM, cargados de todos las propuestas de pecados que se propusieron llevar a cabo, para alcanzar lo que ellos denominaban "la  solución final" de la problemática europea.
De ello, tales arribos independientes iban convoyados de alias y apodos rimbombantes, imposibles de que por su insanía, cupieran y así fue, en la gaveta de sus Superegos respectivos. Europa primero y el Mundo entero después, fueron estremecidos como nunca antes.
Como siempre sucede con estos sociópatas, ver a los Castro y sus discípulos dilectos, los enajenados del Eje Apocalypto (ALBA). Hitler se auto denominó y lo cual ordenó que fuera repetido por sus voceros tales como Goebbels, Himmler o la misma Leni Riefenstahl (cineasta sujeta el Ministerio de Propaganda),  con el aka, “Der Führer”.
Debe entenderse que el uso de apodos (nombretes) obedece es una adicción patronímica sine qua non, inherente a los líderes totalitarios. Tales personajes, como todos aquellos que se consideran providenciales, por la metamorfosis generada en ellos por la propaganda oficial que los convierte en semidioses regentes, lo cual les conlleva de inmediato sentirse por encima de la canalla (el pueblo común) a la cual aborrecen.
A estos políticos, les resulta imposible ejercer su minuciosa labor genocida sobre sus nacionales a los cuales prometen proteger, cuidar y no atropellar; sin adornarse de un alias que identifique su Ego, ajeno a partidos políticos o religiosos, como factores no vinculados oficialmente a su nombre original (4). Todo el endrungue forma parte de un trauma falso acerca de sus vinculaciones celestiales.
Estos líderes perversos, piensan que tal práctica les trae o adiciona ciertos oropeles de fascinación ante el aburrimiento perruno de las masas obedientes, después de ser envilecidas.  
En el caso del americanito, su paisano Pound, vio que este encajado dentro del grupo democrático resplandeciente de la denominada  "Generación Perdida" (5),  a Joyce, su colega de letras y avatares literarios (a causa de un cúmulo de razones o sinrazones), el inefable Pound, le resultó intragable a Joyce.
Es que los personajes de “Ulysses”, aunque según la trama andaban desilusionados con los tiempos en que vivieron, Leopold Bloom y Stephen Dédalus; cúspides principales en la obra, se enterarían años más tarde del significado explosivo de todo aquello que hicieron un cierto tiempo en Dublin.
Por entonces, bordeando las sorpresas del Doomsday (6) junto con Molly Bloom; fue cuando dejaron fluir desde sus conciencias largos monólogos interiores. Tal estilo literario, además de los diálogos multiformes, crearon una corriente espontánea alimentada por un buen número de autores que les siguieron. 
Ambos personajes masculinos, tampoco ella quedó atrás, no podían estar al tanto de que la narrativa descriptiva de ese otro de los tantos días aciagos, estaría bajo la mirilla fiscalizadora de los aduaneros norteamericanos. Porque Joyce, conocedor del impacto literario, se situó como meta cautivar al lector norteamericano.  
Ello sucedió en ocasión de la entrada a los EE.UU de este libro relacionado con dicha saga. Se trataba de “Ulysses”, mejor, con el trasfondo del avatar mitológico del héroe y  aventurero homónimo (Ulises u Odiseo, el de la “Ilíada”), un personaje reinventado por Homero; o sencillamente, reconformado por este reseñador a partir de historias míticas,
Los oficiales de Aduanas actuaron entonces en base de la McKinley Tariff Act (1890), por cuya Acta se facultaba al Bureau de Aduanas de EE.UU –y sustentado en una percha colgada al cuerpo del espíritu original de la ley–, a que sus oficiales confiscaran cualquier libro importado considerado por éstos, sin ser especialistas, como obsceno.
En 1930 el asunto explotó públicamente en las Cortes Federales, de donde los cuños de "libelo" u "obsceno" sólo podían ser aplicados bajo la Sección 305 del Título 19 del Código.
Estas son facultades legales típicas que en los estados modernos molestan a algunos, sin embargo, en esencia constituyen en alguna forma sana; dispositivos de protección de la sociedad y los valores éticos y morales del ciudadano común, vulnerable a expensas de ideas foráneas destructivas de la moral y sistema democrático..
Iniciada la IGM, la práctica de la censura estatal, se hizo común, bajo diferentes grados de censura y materiales sobre los cuales se ejercería el rechazo eventual, en casi todas las naciones. Los educados y con recursos para adquirir lo impreso, forman una parte de la población y es la produce riquezas, el resto, que suman millones, son los incultos sin educación con el acceso único a la información por los rumores o lo escuchado en la radio.
Luego, los escritores siempre escriben para el primer sector, no para el segundo. Ello devino que la literatura como medio expresivo rey influyente sobre la moral, ética y política, aunque de inicios limitada a los alfabetizados, cultos y pudientes de comprar la prensa escrita o los libros, todas personas inteligentes.
Con la aparición del cine, el nivel de acceso a la información se igualo para todos los integrantes de esa sociedad especifica, sin importar el nivel cultural ni los medios económicos. La sociedad, quedó impactada por la aparición de la nobel industria cinematográfica, la cual hizo explosión popular coincidente con las turbulencias de la pos IGM de donde surgieron los totalitarismos.
 Nazis, fascistas y comunistas saltaron sobre este novedoso elemento, el cual muy hábilmente fue explotado por los bolcheviques.
Ejemplo palpable es "Acorazado Potemkim" (Bronenósets Potiomkiny) de Sergei Eisenstein, 1926; considerado uno de los filmes politizados hasta el tuétano en conveniencia del estado bolchevique vencedor contra el zarismo, y devino entre los filmes más importantes en la Historia de la Cinematografía.
De estas experiencias se nutrieron de inmediato, como pudieron, los nazi-fascistas y el resto de los totalitarismos, incluyendo los islamitas teocráticos.
Un bicho "real maravilloso" entre brumosidades falsas, de caribeños espirituosos
Cada sistema totalitario, durante todo el siglo XX y todavía en el siglo XXI, ejerció y ejerce paralelamente la censura bloqueando el habla, oído, visión, pensamiento, moral ética, altos principios y luces de todos y cada uno de sus ciudadanos, incluyendo a sus cómplices y plegados a estas fechorías. Es casi viral que, la mayoría de los escritores románticos y sus sucesores, no dieron muestras de entender en medio de sus abulias creativas, la necesidad u obligación, de palpar y vibrar, al menos en alguna ocasión, al ritmo de su tiempo. Decir, descender de esa nube comoda.
Con el tiempo, el ciudadano común quedó aislado y a merced de los opresores. No siempre, los intelectuales sanos advirtieron la presencia de estos desmanes depredadores de la libertad y la libre conciencia.
El resto, los mediocres puestos al descubierto por José Ingenieros, se aprovecharon del bloqueo a la razón para introducir la medianía oscurecida en sus obras infames, aupados y mantenidos por el estado paternalista. Ahora todos disponian de acceso a la informacion, pero, aquella conveniente al que paga.
Los medios, a los cuales después reforzaron actividades de influencia masiva descomunales y peligrosas en extremo; como son la Radio y la TV, se convirtieron en elementos formidables de propaganda política, diversionismo ideológico, confusión y envilecimiento cívico de los ciudadanos.
De ello, tomaron ventajas y devinieron armas psicológicas muy beneficiosas a los estados tiránicos, laicos o religiosos. Inicialmente y en especial los nazi-fascistas como Alemania, Italia, Japón, Hungría, Eslovaquia, Rusia y el resto de otros integrantes del bloque comunista de satélites soviéticos, armados por el Kremlin en la pos IIGM.Una especie de viruelas cargada de patetismo inconsolable.
Perduran, el resto de los países comunistas, maoístas o teocráticos; tales son China, Vietnam, Norcorea, Cuba, Venezuela, los integrantes del Eje Apocalypto y el resto de los países islámicos euroasiáticos y africanos. Muestras claras de que la iniquidad humana perdurará siempre y de alguna forma incoherente, en las especies distintas de las sajonas o sus derivados..
Hablamos acerca de esa criatura o de bicho vivíparo y altamente maleable, que en la abrumadora mayoría de los casos no discierne diferencias entre las desquisiciones de Proudhon, las veleidades de Proust o las erudiciones de Mirándola.
Ello, por no reiterar la paranoia homicida de un Hitler o las reflexiones y onirismos letales de un Castro anti cultural y sus émulos obtusos del Eje Apocalypto.
Sin embargo en las democracias de buen andar y mejor vivir, a los fines de mejorar la salud de las disciplinas expresivas que atañen a todos los componentes humanísticos de la sociedad, tales fueros democráticos (una verdadera fiesta de privilegios y libertades) se ejercen al mínimo sin lesiones o simplemente no existe; en salvaguarda de la esencia de los altos principios de la ciudadanía.
Solo observar el tratamiento cuidadoso que se da a la libertad de expresión en los sistemas democráticos, a contrapelo de lo que sucede o intentan establecerse en los totalitarismos, tal como funcionaban sectores extremistas de la tribu intelectual fascinadas entre las influencias de Baudelaire y las luces de Hemmingway.
Luego vemos, por el contrario, liberales, comunistas, anarquistas (libertarios), terroristas intelectuales de nuestro patio; en especial; los homínidos embrutecidos con su fanatismo alocados con pasarelas filosóficas, que despotrican utilizando los medios, a fin de enaltecer el culto a la personalidad del líder.
Por el catecismo zurdo, se auto complacen auxiliados de confusiones propias; empeñados en entender la esencia de la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU, aparentando interesarse por la libertad de expresión tal si fueran eunucos ridículos, como encargados del orden reinante entre las hetarias del serrallo intelectualoide naufragado. 
En realidad el interés único de estos morones, yace en cómo molestar a la sociedad norteamericana (igual que hacia Baudelaire contra la sociedad francesa productiva) en su conjunto, en beneficio de los enemigos internos y externos de los EE.UU.
Es por ello que la Acta de 1890, pulida por Dingley en 1897, marcó puntos de confrontación del gobierno con la intelectualidad anti purista y pre liberal boyante en la sociedad norteamericana de entonces, sin tocar lo político.
Joyce se sorprendería más adelante, con la ventolera provocada por las remembranzas que él insertó por su mano en las meditaciones a ultranza, de Bloom y Dédalus en aquellos días aciagos.
Coitos entre escarabajos, mariposas y palomas picassianas, de vuelo popular
Ayer y hoy, en el lado opuesto al de las democracias; se imbrican escarabajos ansiosos de coitar a las mariposas zurdas del batilongo rojo, tanto, como las palomas picassianas de vuelo popular. Tales son los tríos sexuales contemporáneos. Sistemas totalitarios del INDEX sinistrorso, por donde deambulan con sus ridículas mochilas al hombro guevaristas, marxistas, fascistas, izquierdistas, fundamentalistas islámicos y los de otros costales del tentetieso.
Por lo general, los modernistas atendieron más a la forma expresiva de sus obras, a veces insipidas, que al contenido vertido por su Ego y no por la belleza de lo comunal. De esta indolencia se exceptúan luminosidades tales como los escritores distópicos quienes así lo revelaron en obras, tales como "1984", "Animal Farms", etc. de George Orwell. Un autor, nunca mejor pegado a la posible realidad del futurismo.
Una buena parte de los intelectuales, incursionan en la literatura y pintura, a través del género de "Ciencia-Ficción", cuya interpretación requiere del lector, no solamente el saber leer.
Variante, sobre la que bien pueden opinar autores que van, sin que establezcamos temporalidades; desde Thomas Moore, pasando por W. G. Wells; hasta detenernos, en un compás de espera, en George Orwell, la cita, por mencionar algunos ejemplos. dando un salto en el espacio-tiempo. "Candido", de Voltaire, es un caso de protesta metonímica al expresar bajo un tropo a plenum, una opinión discordante.
Es cuando la censura brota y es llevada a cabo tal si fuera un oficio excitante y no menos libidinoso. Un ejercicio de entes lúbricos atormentados entre las sombras, con la participación de mediocridades sensuales del partido político, plutocracia o secta religiosa que detente y ejerza el absolutismo en ese momento.
Tales medianías burocráticas, alardean de practicar esta cirugía pateta del cómo le conviene a sus colmillos tiránicos y a lo burdo de la tarea de opresión sobre los individuos, que en su esencia de mayor repugnancia, es aplicada empleando serruchos desdentados, en lugar de escalpelos, tal hacen los izquierdistas en su furia homicida.
En dichos sistemas totalitarios, liderados por un déspota o por una entelequia teocrática de las más aburridas y grotescas; como son las musulmanas; sin importar la etnia, el pastel es ofrecido falsamente envuelto en perfecciones diabólicas de un cuerpo y un espíritu humanos, inculcándoles que en la inmolación, encontraran el pasaporte al paraíso, una preciosidad sus mentores evitan.
Los individuos son lacerados cuando se les aplica la censura oficial, la cual es para deleite de los opresores y torturadores, actuando como un filtro y osmótico, amoral y sub ideologizado el cual actúa como desinfectador policíaco.
Este último tornillo de los tiranos, es de instalación obligada entre los centros generadores de ideas y el cerebro inerme del ciudadano común. Le apodan bien, lavado de cerebros. En sus inicios, Joyce no pareció entender la reacción estatal y de sociedad estremecida por los sans culottes y los camisas rojas garibaldinos, arrollados por las fuerzas de Louis Adolph Thiers.
Dédalus, nunca entendería el intríngulis, del por qué bajo estos regímenes totalitarios la censura es coquetonamente partidista y sectaria, supeditadas en cuerpo y alma a la voluntad del líder de turno en la banqueta de mando.
En su plano genético paralelo, la lengua se tuerce y abdica solemnidades, cada día y por siempre, mientras
la acción represiva brota en unos casos del éxtasis coital (sublimado) entre escarabajos kafkianos de vuelo popular y mariposas exóticas fellow-travellers, siempre ansiosas de ser violadas.
Mientras que en otros, la torcedura del Id venal y el Superyó pineal, deviene envuelta en la más letal de las supersticiones.
¿Qué es obsceno? –inquirió el magistrado J. Woolsey
Es la primera interrogante a contestar por los críticos y censores del habitáculo oficialista. Y se torna un avatar que vibra entre el tipo que ulula enloquecido en el alminar del censor público fundamentalista y la yegua alada que le revolotea erotismos paradisíacos aferrándolo más a sus ilusiones adictivas para dañar lo mejor de la intelectualidad nacional (Salman Rushdie, Reinaldo Arenas, Karel Čapek o Aleksandr Solzhenitsyn), por citar algunos de lo "real maravilloso" del onirismo Camperteriano.
Bloom y Dédalus navegaban en una nave de excitante lujuria, ajenos a los acuiciosos oficiales de aduanas con los cuales se las verían después o a las circuncisiones estelares de un Henri de Toulouse-Lautrec en el "Moulin Rouge" escanciando un Pinot Noir, borgoñés.
En la disyuntiva de los términos latos inherentes a la censura apologética de los obsceno, basta que el ciudadano alcance el punto excelso de la oclusión psíquica. O también, que se sienta azocado por el terror clásico de su propia flagelación a causa de su auto censura. Todo, para que las cúpulas se regodeen gozosas y seguras en medio del rebaño, obediente y silencioso de las manadas que pacen en sus primorosas “Animal Farms” orwellianas.
Tales son los casos de Cuba, Vietnam, Corea del Norte, China, Yemen e Irán, un retablo perfecto de saurios políticos, los cuales rondan tercamente la quinta edad de la destornillada era comunista-musulmana.
En forma directa, es el ciudadano quien se reprime a sí mismo, en auto flagelación sin atender a cualquier vicio de dicción o arrepentimiento ante el entorno del estado policíaco o curia islámica y fundamentalista que le rodee. Recordar los "Versos satánicos" de Ahmed Salman Rushdie.
Luego, el concepto varía en cada sociedad aunque su definición siempre ha reñido con la época y clases dominantes.
Es entonces que los magistrados ente el “Ulysses” de Joyce, debieron replantearse ¿qué es obsceno?, como expresión de una forma artística, ético-sensorial, contraria a lo que acontece con el resto de los elementos exaltadores de valores tales como: decencia, moral, euritmia, civismo y lealtad.

Obsceno, es todo aquello no cubierto por el atuendo casual

Según plañeron los castos, esta palabra (maldita o divina, según el ojo del canario) tiende a poner a los humanos en su justo lugar. Pero nadie quiere hurgar en su interior. Es el rubor del comedimiento. El meollo para solventar la cuestión de lo que se puede interpretar como obsceno, fue reditado entonces en la Corte Suprema de EE.UU.
El caso de Joyce, su “Ulysses” arribó naufrago ante los magistrados. Exacto, cuando surgió la controversia a causa del mencionado "libro inmigrante"; que daba patadas en las canillas de los aduaneros para que lo dejaran entrar indocumentado, nada menos que al paraíso terrenal americano de la expresión libre y al cual ansiaba conquistar. Al final, dicha Corte, había dictado cuerdamente:

"Obsceno es aquello tendente a provocar impulsos sexuales o inducir a una sexualidad impura y de pensamientos lujuriosos".

Luego, el tratamiento de lo obsceno es atemperado a las realidades ético-morales in situ, no como proclamación pública. Pero resulta equivocado sostener que éstas naturalidades son valores exclusivos de Occidente, ya que tal modo de pensar conduciría a mistificaciones peligrosas aceptando que el desenfreno sexual en grupos, es virtud y no indecencia. 
Por otra parte vemos los casos de absolutismos aberrantes observados en sociedades selváticas o de cafres mentales; donde es oficial la poligamia, maltrato y ablación de la mujer (el indudable salvajismo de las mutilaciones sexuales auspiciado por los teócratas musulmanes), por no decir más allá de las otras infamias mortales.
En esencia, son las mismas entelequias demagógicas que hipócritamente sólo dejan mostrar los ojos a sus mujeres, relegándolas mentalmente a la miserable vida burka.
Sería ingenuo suponer que estas calamidades no se extiendan al resto de las actividades de sus ciudadanos maltrechos, como es el abanico de las bellas artes.
Tales iniquidades  resultan inmorales y obscenas, bajo la sensibilidad de la exquisita buena costumbre ciudadana en las democracias occidentales y las doctrinas judeo-cristianas. Por lo que debemos estar atentos, con el otro ojo negro del canario.
Hacia una moral sin dogmas”,  planteó Ingenieros, indignado contra los amorales
En esas otras sociedades totalitarias, tales desmanes están pretextados en dogmas políticos, tribales, étnicos, religiosos o todos juntos. Estos tipos de oligarquías ensoberbecidas e inmersas en sus impunidades, tremolan su propio mal concepto de la moral y decencia al determinar el diapasón monoaural sin derecho a réplica, dentro del cual han de moverse las virtudes y defectos de sus atribulados ciudadanos. 
Por eso fue importante para los EE.UU, discernir gradaciones en aplicar el sello de "obsceno" respecto a la publicación de marras (Ulysses); ya que se hubiera confundido o arruinado la preservación del patrimonio ético-moral de la sociedad occidental (ver los anales de: "The EE.UU versus a book....") de implantarse ominosas censuras literarias, aunque fueran sin intenciones dolosas.
Sucedió que la moción no pleiteaba contra un libro del trópico sensual y tibio sino, sorprendentemente, contra una obra arribada desde la fría Irlanda.
Cuando la cuestión fue puesta en manos del magistrado J. Woolsey, la cosa tomó su nivel, ya que desde 1929 el Senador Cutting había desentrañado parte del acertijo. A Woolsey le recayó la tarea de opinar acerca de la obscenidad sospechada por los oficiales de aduana, con respecto a esta publicación extranjera que se pretendía ingresar en los EE.UU. 
Woolsey no entendió otra forma más justa de opinar, que leerse la obra de cabo a rabo (unas 800 paginas) y tomar criterios de otras personas, ajenas entre sí.
¿Qué dijo J. Woolsey?
El fallo final, de unas 1800 palabras, señaló la obra, con una respuestas condensada como:

"Una alegoría del  “tour de force” sorprendente, en un intento sincero y serio de desarrollar métodos nuevos para observar y describir el comportamiento humano. No es apreciable que haya sido un intento pornográfico.
 La posibilidad de que dicho libro despierte tales sensaciones en una persona de instinto sexual promedio" (los franceses le denominan l'homme moyen sensuel), es remota. 
Luego, después que hice largas reflexiones, considero que la obra en ciertos aspectos es emética para (algunos)  lectores, pero de ningún modo afrodisíaca. El libro, por lo tanto, puede ser admitido en los Estados Unidos de Norteamérica".

Dicho fallo devino lección trascendental que marcó época para todos los estamentos de la sociedad norteamericana. Woolsey, dejó establecida la diferencia entre lo decente y lo obsceno, sospechado infundadamente por los puntillosos, pero alertas, aduaneros.
La moción y el beneplácito
En esencia, el choque de los puntos de vista entre ambas corrientes, hizo que la moción apuntaba al caso específico de : UNITED STATES vs. ONE BOOK CALLED "ULYSSES" (Estados Unidos vs un libro llamado "Ulysses") de 5 Fedd. 182, 1933 y no otro.
Para entonces, la corte había fallado sobre este libro mayor de Joyce, que más adelante marcaría uno de los hitos en el quehacer literario modernista de la lengua inglesa y como patrón de la nueva corriente literaria.
Nuestro autor, reiteramos, era un irlandés nombrado James Augustus Aloysius Joyce. Tras el fallo de Woolsey acerca del "Ulysses", y ya liberada la obra de sombras, la misma fue acogida en los EE.UU con todos los honores del beneplácito norteamericano.
Este clásico y sus personajes, de manera permanente, son objetos de discusión a través de los años, por parte de sus admiradores en Talleres y Círculos Literarios. Es el por qué estas actividades se acostumbran realizar durante todo el mes de junio –tal ocurrió en junio del 2004–, a causa del centenario del Doomsday de marras.
Sucede que también, medio que cunde el pánico en la efeméride, puesto que Joyce nació en Dublin, Irlanda el 2 de febrero de 1882 y murió el 13 de enero de 1941, en Zürich, Suiza. Un enigma que al parecer, todavía nadie ha podido descifrar.
Fin de la saga.
© Lionel Lejardi. Febrero, 2012
Legacy Press

(1)   “Ulysses”, no fue la pera prima del autor, James Joyce. Sin embargo, resultó su obra literaria principal y elemento de consideración obligada en lo referente, no solo la literatura inglesa, sino también de la novelística narrativa mas selecta y considerada del siglo XX.
Su novedad y fuerza literaria en contar una historia, complicada o no, dependería mucho de cómo se incertaban en el texto; de la manera mas discreta posible, los monólogos interiores de los personajes.
Para ello el autor utilizaba una riqueza lingüística exuberante, muy bien encajada. En un momento, no anunciado y ni siquiera sugerido en el mundo virtual del autor,
Sobreviene el desenlace y con ello, el fin inevitable. Donde el lector permanece con hambre incontrolada de leer y saber más.
(2)   Con Ezra Pound (1885-1972), otro de los grandes poetas y ensayistas, considerado una de las figuras cimeras de la poesía modernista, en lengua inglesa del siglo XX, ocurrieron cosas provocadas por él mismo. La personalidad de este escritor fue muy controvertida.
Al entrar en conflicto con el mundo democrático se fue a la Italia de Mussolini y desplegó trabajos en favor del fascismo, por lo que quedó marcado al ser destruido el Eje de Acero, por las fuerzas democráticas. En 1946 fue detenido en Italia y juzgado en los Estados Unidos como traidor; pero logro ser declarado demente y paso varios anos en un hospital, hasta que fue liberado. Viajó a Italia, donde murió en 1972.
(3)   Para 1922, en todos los documentos oficiales, propaganda o referencia al líder, este aparecía escrito de la forma siguiente: Sua Eccellenza Benito Mussolini, Capo del Governo, Duce del Fascismo e Fondatore dell'Impero ("Su Excelencia Benito Mussolini, Jefe de Gobierno, Líder del Fascismo y Fundador del Imperio).
Toda esta cosa grandilocuente justificativa de los líderes teocráticos, totalitarios; fascistas y comunistas; se disolvió con la derrota de las fuerzas del Eje de Acero y la caída de Berlín ante las fuerzas Aliadas.
Con el despliegue de la “Cortina de Hierro” –ya advertida por Goebbles desde enero de 1945, unos meses antes de caer el régimen nazi– sobre la Europa del Este, la democracia  hubo de esperar hasta que se produjo la caída del  Berliner Mauer (Muro de Berlín), en noviembre 9, 1989, y  la consecuente derrota definitiva del totalitarismo comunista.
(4)   En el caso del Dr. Fidel Castro Rúz, fue un líder comunista de tendencia stalo-maoísta, el cual no vaciló en ocasiones, bordear el genocidio camboyano de Pol-Pot.
Para ello se valió de reditar los gulags bolcheviques. Ello consistió en la creación de pueblos de campesinos exiliados de sus tierras y reconcentrados a la fuerza en el interior de Cuba; también el montaje de campos de concentración de trabajo forzado (las tristemente célebres UMAP, Unidades Militares de Ayuda a la Producción) para recluir en los mismos a sectores categorizados por los Castro como “anti sociales” opuestos al castrismo, etc.
Castro, fue  quien se auto proclamó dictador vitalicio de la Isla de Cuba. En la jerga bolchevique se nombró como “El One”, “El Caballo”, “El Único”, “El todo o nada”; sin faltarle incorporara tales idioteces lo del “El líder indiscutible”, “El Comandante en Jefe”, etc.
(5)   Recordemos que la denominada “Generación Perdida”, devino tropo inventado o recurrido por Gertrude Stein (dicen que a partir de una conversación sobre el trabajo, que escuchó en un taller entre un mecánico y su ayudante) para designar a los escritores que de una forma u otra participaron como soldados o en labores afines durante la IGM (1914-1918). En su intento primario, la lista incluyó a Ernest Hemmingway, John Steinbeck, F. Scott Fitzgerald, John dos Pasos, Ezra Pound, William Faulkner, E. E. Cummings, Archibald MacLeish y otros menores. Durante el período de 1918-1929, estos escritores (casi todos norteamericanos) vivieron en Paris u otras partes de Europa. Hemmingway, popularizó la frase ocasional de Stein (su amiga íntima) especialmente en sus novelas “Fiesta” y “Paris era una fiesta”.
(6) En algunas inscripciones calendáricas en el sistema de cuenta larga, encontradas en ciudades mayas antiguas como las correspondientes a los monumentos de Quiriguá y Cobá, la fecha de la conclusión de la presente era cosmogónica –siempre desde el punto de vista de las religiones mesoamericanas– correspondería al último día del baktún (como en el calendario gregoriano, décadas, lustros, siglos, etc. los mayas consideraban el kaktún como una serie de 20 años) que en los mayas es decimotercero, es decir, a la fecha 12.19.19.17.19 (21 de diciembre de 2012) (wik).

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